EL BRITISH DE LOS CORAZONES SOLITARIOS Imprimir E-Mail
Escrito por Basilio Rogado   
miércoles, 19 de julio de 2006
Cuando a las seis y media de la mañana del jueves 25 de julio, en el tee del hoyo 1, Royal, como el propio nombre del campo indica -Royal Liverpool Golf Club, en Hoylake- se inicie la edición número 135 y la tradición del British Open Championship continúe un año más, la Banda de los Corazones Solitarios empezará a sonar bajo la batuta del Sargento Pepper's. Hacía 39 años desde que el British Open se jugó en los links del Royal Liverpool.  

Entonces, allá por 1967, fue Roberto de Vicenzo, el jugador argentino, todo un caballero del deporte, que hace unos meses fue portada de "Golf Senior", quien levantó la Jarra de Plata que obtiene el campeón; en aquel año, también, Los Beatles publicaron su album "Sergeant Pepper's Lonely Hearts Club Band" y, como no podía ser de otra manera, sus ecos aún resuenan desde el más allá, donde están John y George y desde La Caverna de Liverpool donde, aunque sea de manera virtual, aún es posible encontrar a Paul y Ringo.

No se si Paul McCartney juega al golf -Ringo no me pega- pero, aunque lo hiciera, no creo que sea de los espectadores que van a madrugar -aunque en las Islas Británicas tengan una hora menos que en la península, como en Canarias- para oír el chupinazo imaginario que dará la salida al partido formado por Meter Hedblom, Steve Elkington y Jerry Nelly.

Una hora después, a las siete y treinta y seis minutos, hora británica, comenzará a jugar Sergio García, junto a Paul Casey y Fred Couples, el americano sin guante. Decía yo en un artículo reciente en contestación a Antonio Berzal, un lector que me preguntaba si Nacho Garrido podría volver a ganar un Grande, contando como tal el Volvo PGA que consiguió en 2003, que todos los jugadores punteros españoles están en condiciones de obtener un triunfo en cualquier torneo importante. Por supuesto este año, Nacho no podría porque no va a estar en el British, aunque su presencia será muy importante en Madrid para la prueba del Peugeot Tour que se celebra esta misma semana en el Club de Campo Villa de Madrid. Sin embargo, de los seis españoles que participan en el Royal Liverpool, yo veo a tres que van a estar bien colocados: Sergio porque ha vuelto con fuerza al top ten del Barclays Scottish Open  de Loch Lomon, la semana pasada; Chema porque el año pasado quedó tercero y siempre tiene ganas y Miguel Ángel Jiménez, porque se lo merece, sin más. Con ellos, los mejores golfistas del mundo -Woods,  

Mickelson, Els, Singh, Goosen...- se disputarán la codiciada jarra de plata y los 5.524,699 € de premio, de los cuales, el ganador se lleva 1.045.965 €.

En cuanto a los otros tres participantes españoles, para  Gonzalo Fernández Castaño aún es pronto, creo yo y sus últimos resultados, por distintos motivos, no invitan al optimismo; Carlos Rodiles tiene una oportunidad de demostrar que sigue siendo el que era cuando perdió por la mínima el Volvo Masters; el malagueño necesita un buen resultado para resurgir de las cenizas golfísticas en las que se ha metido y esta es una magnífica oportunidad. En cuanto a Seve -¡qué lástima, Seve!- nada me agradaría más que escribir alabanza sobre alabanza de su actuación en Liverpool, pero mucho me temo que, una vez más, Ballesteros se tendrá que conformar con los aplausos de los fans que le quedan, y que son legión, en Gran Bretaña y que aún recuerdan sus tres victorias en el British: 1979, en Royal Lithan, cuando sólo tenía 22 años, con un golpe imposible desde el parking, creo recordar que fue en el hoyo 16; 1984 en St. Andrews y 1988, de nuevo en Royal Lithan.

Para Ballesteros, que ya las tiene todas, esta de 2006 también será una experiencia inolvidable, porque no será uno el que compita, sino dos: en el tee del 1, a las nueve horas y treinta y un minutos del jueves, Seve estará acompañado por su hijo Javier, de 16 años y handicap 1,5. Javier le ha pedido a su padre hacerle de caddie y, después de mucho rogarle, imagino, Seve ha accedido a darle una lección en el campo a su hijo. Por muchas cosas, por la historia, por los golpes imposibles que daba en sus buenos tiempos, porque en España se le debe un reconocimiento a Ballesteros que no tuvo en su época y porque le va a llevar la bolsa -algo más ligera para que no pese tanto- su propio hijo, me encantaría poder dedicarle el artículo de la próxima semana. Nada me gustaría más, porque aunque él mismo se ha creado una fama de huraño, que no se si se merece, pero que se fomenta en su entorno, por ejemplo, apartándole de cualquier periodista español que le intenta hacer una entrevista, una cosa es el carácter o la actitud que el cántabro mantenga en  

la actualidad y otra muy distinta su categoría como el mejor jugador español de todos los tiempos.

Pues ahí están las 7.258 yardas del Royal Liverpool, con su par 72 (35 y 37) y sus cuatro pares cinco, con la característica especial de contar con un solo par 5 -el hoyo 5, de 528 yardas- en la primera vuelta y con otros tres en la segunda: el hoyo 10, de 528 yardas; el 16 de 554 y el 18, de 560.

El espectáculo está servido y en el Royal Liverpool habrá muchos más corazones solitarios que en cualquier otro acontecimiento golfístico del mundo. El juego está servido y fuera de Hoylake más de cuatrocientos millones de espectadores seguirán por televisión a los mejores jugadores de la tierra, Tiger Woods, ganador del año pasado en St. Andrews, incluido. Acomódense y vean.

 
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